miércoles, 4 de mayo de 2011

El mensaje de Susan y Paul


Soy lento. Tal vez demasiado lento para el mundo moderno. Lo reconozco.
Todavía no entiendo la función de tres botones del tablero de mi camioneta, después de tenerlos enfrente por más de dos años. El noventa por ciento de los programas y aplicaciones de mi celular o mi computadora siguen siendo un misterio insondable. Cuando veo a mi hijo digitar el teclado de estos aparatos  y navegar a la velocidad de la luz en la pantalla no puedo menos que recordar a un piloto de Fórmula 1 en plena recta.
Imagínense lo mucho que puedo tardar en enterarme de algunas noticias en estos tiempos de diluvio informático. Misión imposible para mí, les aseguro.
Soy lento. Gracias a Dios. Lento pero tenaz.
No tengo apuro en conocer una noticia y saltar en pocos segundos a otra. Me detengo a pensar y entender. Al menos trato de entender. A veces le encuentro el sentido, la causa, el contenido y las proyecciones.
A veces le encuentro la razón y el sentimiento.
Yendo al caso concreto, confieso haberme enterado recién de la existencia de dos personajes que fueron noticia en el mundo desde hace dos o más años.
Una de ellas es Susan Boyle y el otro es Paul Potts.
Me topé con ellos en forma casual, mientras paseaba por youtube. Todavía no sé decir porqué hice click en el pequeño recuadro que mostraba a Susan Boyle, pero lo hice. De todos modos no tenía ningún apuro.
Los siguientes cinco minutos y cincuenta segundos de imágenes y sonido le agregaron una nueva dimensión al mundo que conocía.
A esta sencilla mujer, provista de un monumental talento y una conmovedora sencillez le bastaron esos pocos minutos para arrastrarme sin esfuerzo  hasta esa extraña dimensión donde la emoción es el único lenguaje posible. Antes que yo, millones de personas en todo el mundo vivieron la misma experiencia, con la misma contundencia.
Repetí el video una y otra vez sin que el impacto disminuyera. Quedé aturdido, como si un rayo me hubiese alcanzado en campo abierto.
Vi a una sencilla mujer de 47 años, desempleada, confesando que nunca se había casado ni había sido besada. La vi caminar hacia un escenario para enfrentar una audición musical, declarando su anhelo de convertirse en cantante exitosa como Elain Page, quien es voz principal de la obra teatral Los Miserables. Vi a esta bondadosa mujer responder con una sonrisa los gestos de burla. Vi a esta maravillosa mujer, mantener aquella sonrisa mientras sonaban los primeros acordes de la canción que la llevarían al encuentro con su destino de grandeza.
Entonces sin el menor titubeo entonó las primeras palabras de infinita dulzura que componen la canción “Soñé un sueño”. Y su voz atrapó de un solo zarpazo el corazón del público. Horas después la prensa internacional especializada volcaba oleadas de tinta elogiando a Susan Boyle, mientras internet marcaba un nuevo record que superaba el interés provocado por las noticias trágicas. Cien millones de visitas en una semana. El mundo escuchaba atentamente a  Susan Boyle.
Y cuando creí haber visto todo, abrí otro video, donde un tímido participante, llamado Paul Potts, se presentó un año más tarde al mismo concurso, luchando contra su falta de aplomo y un pasado adverso. Paul Potts, aspiraba a ser cantante de ópera y para ello dejó su Gales natal y marchó a Italia a tomar cursos de canto, pero la aparición de un tumor seguida de un accidente de tránsito, truncaron su carrera y consumieron sus ahorros. Así volvió a su ciudad y encontró empleo en una empresa de celulares.
Al igual que Susan Boyle, el aspecto de Paul Potts jamás revelaría el asombroso talento que poseía.
Paul no sonreía al presentarse en el escenario. Estaba demasiado aterrado como para sonreír. También el enfrentó los gestos burlones, las miradas de lástima indisimuladas y solo atinó a decir: Vengo a cantar ópera.
Le bastó entonar dos palabras para mostrar el tesoro encerrado en su voz. Nessun Dorma. Como solamente los gigantes pueden hacerlo.
Su éxito fue inmediato. Dio una función frente a la Reina de Inglaterra, lo recibió el Primer Ministro inglés, grabó un disco y vendió dos millones de copias, pasando a ocupar el primer lugar en ventas en quince países simultáneamente. Y comenzó a grabar con las grandes orquestas.
Todos fuimos testigos de estos fenómenos. Yo fui de los últimos.
Soy lento, por eso llegué tarde y me detuve a pensar.
¿Cuál es el misterio que nos fascina de estas historias?
Descubrí que Susan Boyles y Paul Potts son capaces de desenterrar lo mejor de nuestros espíritus. Ellos consiguen que sintamos alegría por el éxito ajeno. Ellos permiten que rescatemos nuestros sentimientos más generosos y a la vez comprobemos que los demás también pueden hacerlo. Entonces nos devuelven un poco de fe en la raza humana. Con su extraordinario talento nos demuestran que no somos tan malos como a veces pensamos.
Aquello que nace del corazón en otro corazón encuentra respuesta, dice un refrán.
Susan y Paul claman a nuestros corazones para que escuchen. Y nosotros escuchamos porque nuestros corazones no son sordos.
Entonces descubrimos el misterio que nos fascina y podemos dormir tranquilos, sabiendo que somos humanos y todavía somos buenos.

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